FICSAC

Calidad académica con pertinencia social

Por Dr. Alejandro Guevara Sanginés  Vicerrector Académico

“Todo centro jesuita de enseñanza superior está llamado a vivir dentro de una realidad social… y a vivir para tal realidad social, a iluminarla con la inteligencia universitaria, a emplear todo el peso de la universidad para transformarla”

P. Kolvenbach

Si la calidades el conjunto de propiedades inherentes que permiten juzgar el valor de algo, entonces su logro en el terreno de lo académico requiere la comprensión de las características inherentes de la misión que nos ha sido confiada.  

Me aventuraría a establecer que lo que define la calidad de la academia es la medida en la que esta nos acerca a la Verdad.  No la considerada como una verdad inmaculada, exenta de adjetivos.  Sino, en el caso concreto del gran proyecto educativo de la compañía de Jesus, es la búsqueda de una verdad que nos haga auténticamente libres.  Es aquella que se expresa en la tranquilidad de hacer lo que es correcto, la que se mide en el grado de avance de la felicidad propia y del prójimo.  Es aquella que aplica el principio ignaciano deactuar donde la trascendencia del objetivo sea mayor.[1]  Esto es, en donde mayor beneficio se puede hacer por la sociedad en donde vivimos.  En definitiva, aquella que toma en cuenta las circunstancias históricas concretas, de necesidad, y de urgencia en las que se circunscribe dicha sociedad. 

Dr. Alejandro Guevara Sanginés
Dr. Alejandro Guevara Sanginés

La sociedad, el mundo, y la humanidad más concretamente, vive en nuestros tiempos una maravilla evolutiva digna de admiración. Dicho gozo se fragua de manera continua a la luz del avance en el conocimiento (humanista, social y tecnológico) y su aplicación concreta.  En gran parte son conocimientos cuyo origen se puede rastrear directa o indirectamente en los frutos logrados por la inteligencia universitariay en la realización de su misión.  Es la luz del conocimiento que ha guiado al desarrollo, entendido este como el avance en una serie de valores de la sociedad considera como deseables.  Es también aquella que ha permitido elevar la calidad de vida de millones de personas y ha evitado el sufrimiento humano de manera muy importante a lo largo de la historia.  

Y, sin embargo, el mal del mundo manifestado en el sufrimiento, la desigualdad, la explotación, la miseria, la degradación ambiental, la violencia y la posibilidad real de aniquilarnos, forman también parte de la circunstancia humana contemporánea a pesar del riquísimo acervo de saberes que hemos acumulado.  Ello se debe, a que, como señala Morin,[2]“todo avance en el conocimiento trae inherente nuevos niveles de ignorancia y error” pues… “la amenaza más grave de la relación conocimiento-ignorancia, son sus consecuencias pragmáticas” (el arsenal nuclear, la devastación ecológica, las pandemias, etc.).

¿Cómo reconciliar, pues, entonces esas dos realidades tan contrastantes? 

La respuesta acaso ha de encontrarse en que la dinámica de generación, enseñanza, difusión y aplicación del conocimiento, por excelente que sea, no siempre es pertinente… pues no siempre actúa en pos de la realización humana.

El día en el que escribo estos pensamientos, la Ibero celebra su jubileo de diamante.  Mucha tinta ha corrido desde entonces y muchas generaciones se han formado orgullosamente dentro y fuera de nuestras aulas en estos 75 años.  Son años dignos de celebración, años en los que la nuestra comunidad se ha preciado históricamente de haber sido altamente innovadora en cuanto a oferta curricular y por su búsqueda continua por elevar la calidad de lo que se realiza académicamente.  Sin embargo, lo que queda claro es que, dicha calidad pierde sentido en la medida que no aterriza en un papel transformador.

Es precisamente, a la luz de estas reflexiones, que se perfila el futuro de nuestra institución.[3] Es un llamado al 2030 para transformar. ¿Pero, transformar cómo?

A mi parecer ello se puede lograr si tenemos un alto grado de calidad en lasfunciones sustantivasde la universidad y si podemos lograr los reforzamientos mutuos entre ellas.

Docencia.  Para el logro de ese máximo beneficio transformador, es importante entender que no se puede dar lo que no se tiene.  En efecto, pues de poco sirve que nuestros egresados tengan un agudo espíritu crítico, si las herramientas esenciales para el análisis y resolución de problemas no se han adquirido y practicado.  Es decir, si no se es competente.  Por ello, en el sentido más clásico de lo que se entiende como calidad docente, resulta de la máxima importancia cuidar de los tres grandes rubros que animan el proceso educativo.  El primero de ellos es el desarrollo curricular, que en esencia representa la tecnologíaaplicada al proceso de aprendizaje.  Esta debe seguir en todo momento la aplicación de un marco lógico, innovador, pertinente socialmente y en mejora permanente.  En segundo término, está el cuidado y atención de las personascuya vocación de vida los ha llevado a acompañar a los y a las estudiantes:los y las docentes.  Para ello es importante enfocarse no solo el rico bagaje de conocimientos que puedan estos demostrar a través de sus credenciales de estudio o de práctica profesional, sino aquellas que sean las más efectivas para lograr que el estudiantado adquiera las competencias genéricas y específicas que les capaciten para la transformación.  El tercero es precisamente el acompañamiento humano, pero crítico, centrado en aquellos y aquellas estudiantes quienes a través de su preparación serán claves en esta misión social transformadora.  El espíritu que anima este caminar encuentra su inspiración, entre otros grandes pedagogos, a Paulo Freire (que alienta a una pedagogía crítica, dialógica, política y concientizadora)y aCelestin Freinet,que propone como método la autogestión, cooperación y solidaridad entre el estudiantado y entre éste y su entorno, por tanto, abre el camino tanto de la razón como del corazón.

Investigación e Innovación.  La generación de conocimiento es esencial para sugerir los cambios, pequeños y grandes, concretos o complejos que nos permiten avanzar hacia una sociedad como la que anhelamos.  Sin embargo, los incentivos para alinear el desarrollo y creación del saber científico están condicionados por la “economía del conocimiento” cuyas tendencias de expansión en el ámbito universitario la han convertido en una institución masificada, globalizada, mercantilizada y estandarizada.[4] Dicha estandarización se mide, actualmente y de forma principal, a través del proceso creativo en revistas del JCR,[5]y ello atiende bien las necesidades específicas disciplinares.  Otorga prestigio nacional e internacional y permite la atracción de fondos para proyectos y becas.  Es un estándar de calidad importante e instrumentalporque nos permite atender en un círculo virtuoso el mejoramiento de nuestra docencia y nuestra vinculación, pero es un estándar limitado. La investigación e innovación en una institución jesuíta solo puede alcanzar todo su potencial cuando ésta impacta en los circuitos de transformaciónen torno a una sociedad más próspera, productiva, pacífica, justa y equitativa e inclusiva.  

Vinculación.  El modelo de academia al que aspiramos sólo puede lograr su potencial en contextos situados en distintos planos de realidad.  La vinculación académica internacional y nacional es importante porque a través de ella podemos descubrir “mejores prácticas” y complementariedades, nos forma y nos permite ampliar nuestros horizontes.  En efecto, nos permite responder a las grandes demandas de los sectores productivos y sociales, pero también es la palanca que nos permite tener sinergias de mayor calado cuando podemos, a través de nuestros esfuerzos, a) colocar en la agenda de política nuestras propuestas de transformación, b) participar en su diseño e impulso y c) articularla en su realización y evaluación continua.[6]   

Emprender el complejo reto de la transformación con abordajes pertinentes.  Los grandes problemas de la humanidad son complejos, pero las prácticas y estructuras académicas y las formas en las que los abordamos no responden del todo a su solución.  Desde mi perspectiva, los conocimientos disciplinares no son los más pertinentes para comprender e intervenir un conjunto de desafíos que se distinguen por su multicausalidad y su multidimensionalidad.  En realidad, como establece Morin, si el estado del conocimiento actual permanece con disciplinas paralelas que nunca se tocan, estamos viviendo una suerte de neo-oscurantismo.[7]

Por ello, transformar en la orientación deseada a la sociedad requiere de abordajes que permitan el diálogo de la multiplicidad de saberes que se dan entre las disciplinas y las profesiones, pero también en el que acontece con otras culturas y otros saberes.  Solo así podremos enfrentar retos a nivel planetario como al que nos invita Francisco, el papa jesuita en el “cuidado de la casa común”.[8]

En efecto, la academia tiene la oportunidad de ofrecer respuestas a esta nueva visión del mejoramiento de la calidad de vida, reformulando su estructura para dar paso a una visión integral de los problemas mundiales y nacionales, desde una perspectiva que considere las interacciones entre diversas esferas o campos, en los que de manera artificial se ha dividido la complejidad del mundo para su estudio y transformación.

Espíritu colaborativo.  Todo lo anterior es imprescindible para la ambicionada transformación.  Sin embargo, dada la magnitud de la tarea, es necesario reconocer nuestras limitaciones, abrir nuestra de mente y nuestro espíritu y colaborar.  Es ese elemento intangible, esa mística, que nos hace reconocer que, solo acompañándonos mutuamente, podemos lograr que nuestro hacer tenga efectos multiplicativos. Así lo ha reconocido la red de universidades de la compañía de Jesús, al dar a conocer sus “redes proféticas” en el más reciente encuentro internacional en nuestra casa de estudios.[9]

Como corolario, y siguiendo a Mahatma Gandhi, podemos concluir que la transformación basada en la calidad es nuestra meta y misión, y por insignificanteque parezca lo que cada uno de nosotros pueda contribuir a ella, es de la máxima importanciaque lo hagamos... pues todos somos importantes para su realización.

¡Feliz 75 aniversario comunidad universitaria!

 

[1]Criterios Ignacianos para la eficacia, Constituciones de la Compañía de Jesús, séptima parte principal.

[2]“Introducción al pensamiento Complejo”, Edgar Morin, Gedisa editorial, Barcelona, 2001.

[3]“Plan Estratégico Institucional: Rumbo 2030, Universidad Iberoamericana, 2018.

[4]“En busca de la calidad académica” de Catherine Paradeise y Jean Claude Thoenig, Fondo de Cultura Económica, México, 2017.

[5]JCR = “Journal Citation Reports”https://jcr.incites.thomsonreuters.com/InCiteses una herramienta de investigación analítica que contiene una base relacional de citas en revistas arbitradas que permite evaluar la productividad institucional y compararla con las instituciones pares en todo el mundo.

[6]Resumen de los aprendizajes sobre incidencia ignaciana en América Latina.  Roberto Jaramillo, S.J., (2016), disponible en línea en: http://www.cpalsocial.org/documentos/243.pdf

 

[7]Morin, op. cit.

[8]Carta Encíclica Laudato Sii[Alabado seas], Sobre el cuidado de la casa común.  Ediciones Dabar, México, 2015.

[9]Conferencia Internacional “SJ Universities towards the transformation of the World”, celebrada del 13 al 16 de marzo de 2018 en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.